HEAT AGING | El factor de envejecimiento del que casi nadie habla

HEAT AGING | El factor de envejecimiento del que casi nadie habla
HEAT AGING | El factor de envejecimiento del que casi nadie habla

    Cuando pensamos en envejecimiento de la piel solemos señalar a un único culpable: el sol.

    Y es lógico. Llevamos décadas escuchando hablar de la radiación ultravioleta, del fotoenvejecimiento y de la importancia de utilizar protección solar todos los días.

    Sin embargo, en los últimos años la ciencia ha empezado a prestar atención a otro fenómeno mucho menos conocido: el envejecimiento inducido por el calor, también conocido como heat aging.

    La idea resulta sorprendente porque durante mucho tiempo asumimos que el problema era únicamente la radiación solar. Hoy sabemos que la historia es bastante más compleja.

    La piel no envejece únicamente por el paso del tiempo ni por la exposición a los rayos UV. También lo hace por la suma de múltiples factores ambientales que actúan sobre ella día tras día. Entre ellos, el calor.

     

    ¿Qué es exactamente el heat aging?

    El término heat aging hace referencia a los cambios que pueden producirse en la piel como consecuencia de una exposición repetida y prolongada a temperaturas elevadas.

    No estamos hablando de pasar una tarde de verano al aire libre o de disfrutar ocasionalmente de una sauna. Hablamos de exposiciones repetidas durante años que generan un aumento continuado de la temperatura cutánea.

    En este contexto, el calor deja de ser simplemente una sensación incómoda para convertirse en un estímulo biológico capaz de activar procesos relacionados con el envejecimiento.

     

    ¿Por qué el calor puede acelerar el envejecimiento?

    Cuando la temperatura de la piel aumenta, se desencadenan una serie de respuestas fisiológicas destinadas a proteger los tejidos.

    El problema aparece cuando este estímulo se repite una y otra vez.

    Diversos estudios han demostrado que el calor puede aumentar la producción de radicales libres, favorecer procesos inflamatorios y activar determinadas enzimas implicadas en la degradación del colágeno.

    El colágeno es una de las proteínas estructurales más importantes de la piel. Es responsable en gran medida de su firmeza, densidad y resistencia. A medida que envejecemos, la producción de colágeno disminuye de forma natural. Si además añadimos factores externos que favorecen su degradación, la calidad de la piel puede verse afectada con mayor rapidez.

    Se ha observado, además, que una rutina cosmética adecuada con ingredientes antioxidantes e hidratantes puede ayudar a reforzar la barrera cutánea y a mantener la piel en mejores condiciones frente a las agresiones ambientales. También se ha visto que la exposición al calor puede aumentar la expresión de determinadas metaloproteinasas, enzimas encargadas de degradar componentes de la matriz extracelular, incluido el colágeno.

    Por eso, aunque el calor no actúe exactamente igual que la radiación ultravioleta, ambos comparten algunos mecanismos biológicos relacionados con el envejecimiento cutáneo.

     

    El calor y las manchas

    Uno de los aspectos más interesantes del heat aging es su relación con la pigmentación.

    Muchas personas asocian las manchas exclusivamente con el sol, pero la realidad es que el calor también puede desempeñar un papel importante. Esto es especialmente evidente en personas con melasma, una alteración pigmentaria compleja que suele empeorar durante los meses más cálidos.

    De hecho, algunas personas observan que sus manchas empeoran incluso cuando utilizan protección solar de forma rigurosa.

    La explicación podría estar, al menos en parte, en el efecto que las altas temperaturas tienen sobre determinados mecanismos implicados en la producción de melanina. Por eso, cuando hablamos de prevención de manchas, limitarse a pensar en la radiación UV puede resultar insuficiente.

     

    ¿Quién está más expuesto al heat aging?

    Aunque todos estamos expuestos al calor en mayor o menor medida, algunas personas pueden acumular una exposición significativamente superior a lo largo de los años.

    Es el caso de quienes trabajan en cocinas profesionales, panaderías, hornos industriales o entornos donde la temperatura ambiente es especialmente elevada.

    También puede ser relevante en personas que utilizan saunas con mucha frecuencia o que viven en regiones con temperaturas extremas durante gran parte del año.

    Como ocurre con otros factores ambientales, el problema no suele ser una exposición puntual sino la acumulación de pequeñas agresiones repetidas durante décadas.

     

    ¿Debemos preocuparnos?

    ¡Que no cunda el pánico!

    Uno de los errores más frecuentes en cosmética es convertir cualquier hallazgo científico en un motivo de alarma.

    El objetivo de conocer el heat aging no es generar miedo, sino entender mejor cómo envejece la piel.

    La radiación ultravioleta sigue siendo el principal factor ambiental asociado al envejecimiento prematuro. El calor no sustituye al sol en esta conversación.

    Sin embargo, sí nos ayuda a comprender que el envejecimiento cutáneo es un proceso multifactorial y que una buena rutina cosmética se optimiza si cuidamos también otros factores.

     

    La visión moderna del envejecimiento

    Actualmente los investigadores hablan cada vez más del concepto de exposoma.

    El exposoma engloba todos los factores externos a los que estamos expuestos a lo largo de nuestra vida y que influyen en nuestra salud y en el envejecimiento de nuestra piel.

    La radiación ultravioleta, la contaminación, el tabaco, el estrés, la alimentación, la falta de sueño y el calor forman parte de esta ecuación.

    El heat aging nos recuerda algo importante: la calidad de la piel no depende únicamente de los cosméticos que aplicamos sobre ella.

    Depende también de cómo vivimos.

    La protección solar sigue siendo uno de los pilares fundamentales de una piel sana, pero el sueño, la alimentación, el estrés, la actividad física o incluso la exposición repetida al calor también dejan huella en ella.

    Para bien y para mal.

    Comprenderlo nos permite cuidar mejor nuestra piel y entender que el envejecimiento cutáneo es mucho más complejo que una simple arruga.

    El heat aging nos recuerda precisamente eso: que el envejecimiento de la piel es mucho más complejo de lo que pensábamos y que comprenderlo nos permite tomar mejores decisiones para cuidarla a largo plazo.

    Referencias científicas

    1. Pittayapruek P, Meephansan J, Prapapan O, Komine M, Ohtsuki M. Role of Matrix Metalloproteinases in Photoaging and Photocarcinogenesis. International Journal of Molecular Sciences. 2016;17(6):868.
    2. Cho S, Shin MH, Kim YK, et al. Effects of Infrared Radiation and Heat on Human Skin Aging In Vivo. Journal of Investigative Dermatology Symposium Proceedings. 2009;14(1):15–19.
    3. Krutmann J, Bouloc A, Sore G, Bernard BA, Passeron T. The skin aging exposome. Journal of Dermatological Science. 2017;85(3):152–161.
    4. Schieke SM, Schroeder P, Krutmann J. Cutaneous effects of infrared radiation: from clinical observations to molecular response mechanisms. Photodermatology, Photoimmunology & Photomedicine. 2003;19(5):228–234.
    5. Kim MS, Kim YK, Cho KH, Chung JH. Regulation of skin aging and extracellular matrix degradation by heat shock and thermal exposure. Archives of Dermatological Research. Diversos estudios experimentales han relacionado la exposición térmica con el aumento de metaloproteinasas y la degradación del colágeno.
    6. Passeron T, Picardo M. Melasma, a photoaging disorder. Pigment Cell & Melanoma Research. 2018;31(4):461–465. Este trabajo aborda, entre otros factores, el papel de la radiación y del calor en la exacerbación del melasma.
    7. Vierkötter A, Krutmann J. Environmental influences on skin aging and ethnic-specific manifestations. Dermato-Endocrinology. 2012;4(3):227–231. Revisión sobre factores ambientales implicados en el envejecimiento cutáneo dentro del concepto de exposoma.

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